Conservantes,
antimicrobianos, saborizantes... Los aditivos parecen
inevitables, por lo menos en los productos elaborados. Pero la
presencia simultánea de algunos de ellos en un mismo alimento
puede resultar una mezcla explosiva , según lo revela un
reciente estudio realizado en la Facultad de Ciencias Exactas y
Naturales, de la UBA.
En
un trabajo publicado en Food Research International , la
doctora Lía Gerschenson, profesora de la mencionada facultad e
investigadora del Conicet, junto con el doctor Oscar Varela y el
licenciado Guillermo Binstock, confirmaron que los sorbatos ,
sustancias antimicrobianas ampliamente utilizadas, reaccionan
con los nitritos presentes en los alimentos, produciendo
un compuesto denominado ácido etilnitrólico , más
conocido como ENA, sospechado de ser cancerígeno.
Si
bien un gran número de análisis in vitro ha demostrado que el
ENA es mutagénico y que se produce a partir de la reacción de
sorbatos con nitritos, no se había confirmado que esa reacción
tuviera lugar en los alimentos, en particular en los productos
cárnicos, debido a sus condiciones de acidez características.
"Lo primero que observamos -señala la investigadora- es
que, en las condiciones normales de acidez de estos alimentos,
se produce una reacción química que da como resultado el
compuesto ENA."
Los
nitritos se emplean desde hace mucho como conservantes en las
carnes procesadas, y les confieren el característico color
rojizo. Pero su función primordial es prevenir el botulismo. El
microorganismo responsable de esta enfermedad - Clostridium
botulinum -, que se desarrolla preferentemente en alimentos
envasados, elabora una toxina que afecta el sistema nervioso
central, produciendo una incapacidad progresiva que lleva, en
pocas horas o días, a la parálisis de los músculos
respiratorios, la asfixia y la muerte.
Por
su parte, los sorbatos son unos compuestos antimicrobianos que
están tipificados como GRAS, sigla que le da al producto la
patente de "generalmente reconocido como seguro" para
la salud, pero no por ello dejan de ser sustancias artificiales,
con todas las implicancias que tienen. De hecho, un compuesto
inocuo en sí mismo puede reaccionar químicamente con otros
componentes del alimento.
Según
Gerschenson, los productos cárnicos que contienen nitritos no
requieren el agregado de sorbatos para ser estables. Por otra
parte, el código alimentario argentino no menciona que esos
productos puedan contenerlos.
Desde
esta perspectiva, sorbatos y nitritos no tendrían por qué
hallarse juntos en las carnes procesadas. En tal sentido, un
objetivo adicional que los investigadores se propusieron en su
trabajo fue averiguar qué pasaba con los sorbatos en aquellos
productos que debían contener nitritos. Lo esperable era que
aquéllos brillaran por su ausencia. Sin embargo, allí estaban.
"Exploramos en el mercado argentino y encontramos la
presencia simultánea de estos dos compuestos en una gran
cantidad de alimentos procesados de marcas reconocidas, como
salchichas de viena, longanizas, chorizos, hamburguesas, jamón
cocido, entre otros", relata Gerschenson.
No
son necesarios juntos
En
realidad, no hay razones que justifiquen la presencia de
sorbatos en esos alimentos. "Evidentemente, se agregan por
un exceso de celo", señala la investigadora.
Por
otra parte, es habitual el empleo de sorbatos como agente
antimicótico en la tripa de los embutidos. Pero, según explica
Gerschenson, "se ha comprobado que los sorbatos difunden de
la cubierta al interior del alimento, donde están los
nitritos".
Los
nitritos, que no pudieron ser reemplazados a fin de proteger el
alimento contra la toxina botulínica, entrañan algunos
riesgos. El problema es que en el estómago estos aditivos se
unen con unas sustancias orgánicas provenientes de los
alimentos, las aminas , produciendo nitrosaminas .
Y se ha demostrado que éstas producen cáncer en algunos
animales de laboratorio. Si bien no hay pruebas concluyentes de
que lo causen en seres humanos, existe preocupación por sus
posibles efectos.
De
hecho, se atribuye a las nitrosaminas la alta incidencia de
cáncer de estómago en Japón, donde el gran consumo de
pescado, rico en su contenido de aminas, favorece la producción
de esas sustancias cancerígenas. Si bien la vitamina C
interfiere en la producción de nitrosaminas, la dieta oriental,
pobre en alimentos que contengan esa vitamina, favorece la
generación de esas sustancias.
Las
nitrosaminas también están presentes en el humo del
cigarrillo. En experimentos realizados en el Centro de
Investigaciones Toxicológicas (Ceitox) de Citefa/Conicet, se
observó que esas sustancias, luego de ser inyectadas en
animales de laboratorio, se unían al material genético del
ovario, implicando un riesgo de alteración en la descendencia,
según indica la doctora María Isabel Díaz Gómez,
investigadora del mencionado instituto.
La
última palabra
El
riesgo de botulismo no es para despreciar, por eso se buscaron
alternativas para bajar la proporción de los nitritos sin poner
en riesgo la seguridad del alimento. Una opción es combinarlos
con sorbatos, señala Gerschenson. Y subraya: "Pero la
investigación realizada nos lleva a aconsejar que no es
conveniente combinar estos dos compuestos en alimentos
cárnicos". Evidentemente, es peor el remedio que la
enfermedad.
Si
bien los investigadores observaron que la reacción de estos
compuestos daba lugar al nada amigable ENA, se preguntaron qué
pasaba si se cambiaban las condiciones de temperatura y tiempo
de proceso o de almacenamiento. De este modo, estudiaron si el
producto se formaba y cuál era su estabilidad en distintas
condiciones. "El resultado fue que el ENA se formaba
siempre y no se degradaba durante el almacenamiento". Es
decir, este compuesto tiene una alta resistencia a diferentes
factores ambientales.
Si
bien distintos trabajos científicos de la década del 80
realizados in vitro habían señalado que el ENA era mutagénico
y genotóxico, persisten dudas sobre su efecto en las cantidades
en que normalmente pueden producirse en un alimento. No
obstante, aún no está dicha la última palabra. Lo mismo ha
sucedido con muchas sustancias sospechadas de toxicidad, como la
sacarina y el ciclamato, entre otras. Puede determinarse que un
producto es tóxico en ratones, por ejemplo, pero es difícil
probarlo si se respetan las condiciones y cantidades en que un
ser humano puede ingerirlo habitualmente.
El
problema no es fácil de resolver. Los nitritos pueden dar lugar
a las cancerígenas nitrosaminas. Pero, hasta el momento, no hay
sustitutos. La opción de reemplazarlos parcialmente por los
sorbatos, de acuerdo con las investigaciones, puede ser
peligrosa. ¿Habrá que renunciar al tradicional sándwich de
cocido y queso? ¿O a la picada con salame y longaniza? Los
investigadores prefieren ser cautos. Serán necesarias muchas
investigaciones para conocer a fondo el comportamiento de los
aditivos alimentarios en el organismo humano.