El
astrofísico y escritor Paul Davies, conocido por sus
investigaciones en torno de los agujeros negros y el comienzo
del universo, acaba de lanzar una bomba teórica: en un trabajo
publicado en el último número de Nature propone que una de las
llamadas constantes del universo -la velocidad de la luz-
no es tan constante después de todo. Una conjetura que, de
probarse, haría temblar uno de los más bellos edificios
conceptuales de la ciencia, la Teoría de la Relatividad.
Según
Davies, investigador del Centro Australiano para la Astrobiología,
de la Universidad Macquarie, lejos de permanecer constante, la
velocidad de la luz se fue haciendo más lenta a lo largo del
tiempo.
Su
trabajo, realizado en colaboración con Tamara Davis y Charles
H. Lineweaver, del Departamento de Astrofísica de la
Universidad de Gales del Sur, surgió como una respuesta al
enigma propuesto por un astrónomo de la Universidad de Gales
del Sur, John Webb, hace algunos meses.
Analizando
la luz llegada de un cuásar distante (una estrella tenue que
emite señales de radio situada en los confines del universo),
Webb llegó a la conclusión de que, en su viaje de doce mil
millones de años a la Tierra, ésta había absorbido ciertos
fotones de nubes interestelares. Pero, he aquí la cuestión, no
el tipo de fotones que predeciría la física actual.
Según
un informe distribuido por la Universidad Macquarie, Webb observó
que la estructura fina , o alfa , de la luz del cuásar
era alrededor de una millonésima parte más pequeña de lo
previsto. La naturaleza constante de alfa subyace actualmente
muchos de dogmas de la física, incluyendo la teoría de
Einstein.
Un
colapso
Davies
se propuso ir más allá: investigó cuál de las dos constantes
sobre las que está basada alfa, la carga del electrón y la
velocidad de la luz, había variado a lo largo del tiempo.
En
primer lugar, descartó que hubiera sido el electrón, porque
eso hubiera entrado en conflicto con otra de las leyes básicas
del universo -la segunda ley de la termodinámica que, según
dijo a Reuters, se podía resumir diciendo que "no se puede
obtener algo a partir de nada"-. Llegó a esta conclusión
al considerar las consecuencias de una variación de la carga
del electrón en un agujero negro.
Esto
dejó a la velocidad de la luz -300.000 kilómetros por segundo,
según lo aceptado hasta hoy- como única variable aceptable.
"Los
intentos de probar que las constantes universales no son tan
constantes no son nuevos -explican los doctores Mario Castagnino
y Alejandro Gangui, del Instituto de Astronomía y Física del
Espacio (IAFE)-. La historia es más o menos así: empezó
cuando Paul Dirac, cuyo centenario se cumple casualmente hoy
(por ayer), analizando la relación entre la fuerza gravitatoria
y la fuerza electrostática que existe entre el protón y el
electrón concluyó que había algo que no coincidía. Ya por
los años cincuenta, conjeturó que algunas de las constantes
del universo (por ejemplo, la gravitatoria) variaban en el
tiempo. Desde entonces, hay un grupo de científicos que intenta
confirmarlo."
Según
Castagnino y Gangui, Vittorio Canuto, profesor de la Universidad
de Columbia y miembro del Centro Goddard, de la Nasa, quiso
verificarlo experimentalmente utilizando una nave que había
viajado a Marte, pero el resultado fue negativo.
"Ahora,
la constante de estructura fina se obtiene dividiendo la carga
del electrón al cuadrado, por la constante de Planck, por la
velocidad de la luz (que se designa matemáticamente con la
letra C) -reflexiona Castagnino-. De esto puede deducirse que,
si la constante de estructura fina es una función de C y varía,
podría variar también C."
Sin
embargo, para Diego Harari, investigador de la Facultad de
Ciencias Exactas de la UBA, las cosas todavía no están tan
claras.
"En
realidad, lo que sugieren las mediciones de Webb es que podría
estar variando la intensidad de la fuerza electromagnética;
dicho de otro modo, la fuerza entre los electrones podría ser
un poquito menor -afirma Harari-. Digo sugieren , porque
en este tipo de mediciones podría haber efectos que no fueron
tomados en cuenta. Si esas mediciones efectivamente son
correctas, porque no hay confirmación independiente, esa sería
la interpretación convencional. No sé por qué Davies lo
descarta."
Mientras
tanto, Davies -cuyos más de 25 libros lo convirtieron en un
personaje muy frecuentado por los medios de comunicación masiva
del Hemisferio Norte- aparentemente muy a gusto en su papel de
iconoclasta, no vacila en lanzar apreciaciones controvertidas:
"Esto significa dar de baja a la Teoría de la Relatividad,
E=mc2 y todo eso", dijo en Londres. Y agregó que, si bien
esto puede hacer colapsar muchas leyes de la física, también
podría ayudar a resolver muchos enigmas, como por ejemplo por
qué sitios lejanos del universo se encuentra a aproximadamente
a la misma temperatura.
"Si
la velocidad de la luz varía, el Big Bang podría haber sido
hace doce o quince mil millones de años -afirmó Davies-. La
velocidad de la luz podría haber sido infinita en ese momento,
lo que explicaría muchas cosas de nuestro universo
actual."
Ayer
por la noche debe haber quedado rendido por el asedio de la
prensa porque, ante la consulta telefónica de LA NACION, indicó
al conserje del hotel londinense en el que se encontraba alojado
que no deseaba aceptar llamadas.