Sólo
en años recientes la sociedad ha comenzado a prestar atención
a la importante influencia que tiene el estrés en la salud pública
y el impacto económico que ejerce en la producción y en el
desenvolvimiento de los diversos sectores. Pero a partir de
esa toma de conciencia, se han realizado estudios y propuesto
estrategias para mitigar la impronta que representa (y las pérdidas
económicas que conlleva) eso que muchas veces se confundía
con pereza, desgano, falta de voluntad.
Conceptos
como el de control total de calidad en la empresa, equipos
integrales de producción, ambiente laboral sano, son hoy
habituales en la jerga de empresarios y ejecutivos, no sólo
por una mayor conciencia de responsabilidad social, sino también
por un avanzado concepto de rentabilidad económica. En el
presente trabajo se pasa revista a teorías y estrategias
desarrolladas para contemplar el impacto del estrés en el
campo laboral y empresario.
La
biología y la medicina han incorporado el término estrés
(que en lenguaje técnico como vocablo inglés designa una
fuerza que deforma los cuerpos o provoca tensión), como
"el proceso o mecanismo general con el cual el organismo
mantiene su equilibrio interno, adaptándose a las exigencias,
tensiones e influencias a las que se expone en el medio en que
se desarrolla".
Este
proceso o mecanismo general o sistema psiconeuroendocrinológico,
es el que denominamos con el término español de estrés. Según
Hans Selye, "estrés" es la "respuesta no específica
del organismo a toda demanda que se le haga".
Esta
respuesta lleva a una serie de cambios físicos, biológicos y
hormonales, previa evaluación o atribución consciente o
inconsciente de los factores estresantes, la que permite
responder adecuadamente a las demandas externas. Es decir, las
respuestas del organismo se realizan en los planos biológico,
físico y psicológico a través del complejo sistema
psiconeuroendocrinológico.
Al
respecto la Organización Mundial de la Salud define el estrés
como el "conjunto de reacciones fisiológicas que
preparan el organismo para la acción".
Al
mencionar la evaluación o atribución de estrés no podemos
dejar de lado la definición de Richard Lazarus que dice que
"es el resultado de la relación entre el individuo y el
entorno, evaluado por aquel como amenazante, que desborda sus
recursos y pone en peligro su bienestar".
Cuando
estas respuestas se realizan en armonía, respetando los parámetros
fisiológicos y psicológicos del individuo, es adecuado en
relación con la demanda y se consume biológica y físicamente
la energía dispuesta por el sistema general de adaptación,
adoptamos el concepto de "estrés" como "eustrés".
Cuando
por el contrario las respuestas han resultado insuficientes o
exageradas en relación con la demanda, ya sea en el plano
biológico, físico o psicológico, y no se consume la energía
mencionada, se produce el "distrés", que por su
permanencia (cronicidad) o por su intensidad (respuesta aguda)
produce el sindrome general de adaptación.
Hasta
llegar a la enfermedad de adaptación o enfermedad psicosomática
por distrés, el sistema deberá pasar por las fases de
alarma, resistencia y agotamiento.
Habrá
causas o factores condicionantes y la evaluación y atribución
del estresor como amenaza y las respuestas elegidas darán
lugar a la resolución o cronicidad del distrés.
Esta
adaptación del individuo a las exigencias del medio, su éxito
o fracaso, nos lleva a considerar el concepto de
"inadecuación" entre los seres humanos y su entorno
cuando estas exigencias no se corresponden a sus capacidades,
necesidades o expectativas, y someten al individuo a un mayor
grado de estrés.
De
acuerdo con los factores organizacionales de las empresas, se
generan situaciones que provocan o desencadenan procesos o
enfermedades laborales. No todos reaccionan de la misma forma:
así, por ejemplo, si la exigencia es adecuada a la capacidad,
conocimiento y estado de salud de la persona, el estrés
tenderá a disminuir y podrá tener signos positivos,
estimulantes, que le permiten hacer progresos en el ámbito de
trabajo, mayor proyección en el mismo con gratificación
personal, espiritual y material.
Por
el contrario, una inadecuación entre demanda y adaptación
generará mayor distrés, en forma crónica e invalidante, con
angustia, desesperanza, indefensión y agotamiento.
Así,
una valoración cuantitativa del volumen del trabajo
individual podrá generar un estrés agradable y motivador o
un estrés debilitante de las capacidades y valoraciones
personales, como también la ausencia del mismo, el desempleo
o la jubilación podrán provocar un grado extremo de
indefensión y distrés.
Para
la valoración cualitativa entrarán en juego los valores,
experiencias, personalidad, situación social, el grado de
objetividad y subjetividad del individuo para percibir o
atribuir como amenazante una determinada situación (estrés
atribucional) y responder con todas las respuestas psicobiológicas
con que cuenta el organismo.
Uno
de los mecanismos de respuesta, previa valoración de un
estresor, es la lucha o la huida. Si estas situaciones de estrés
se dan en el plano laboral (como la inseguridad, la
competencia, la búsqueda de eficacia), nos encontramos con
que no podemos luchar con el gasto energético correspondiente
ni tampoco, teóricamente, responder con la huida (escapar del
distrés).
La
actividad laboral es generadora de estrés y es justamente por
la conveniencia de mantener nuestros puestos de trabajo que
esa lucha es hoy más intelectual y psicológica que física,
por lo que en ella no se consume la energía resultante (distrés).
Sería
esto -la imposibilidad de modificar el estresor, sometidos a
veces a enorme presión psicológica- lo que lleva a menudo a
salidas como, por ejemplo, el cigarrillo, el alcohol, los
psicofármacos, las drogas, la obesidad, que terminan
agravando el distrés y sumando factores de riesgo.
Estudiar
el estrés organizacional no es tarea fácil, ya que es
necesario investigar los factores individuales y ambientales.
El modelo de investigación deberá contar con los factores o
características ambientales, organizacionales, grupales,
familiares, personales y estimulantes de la capacidad del
individuo, la creatividad y el pensamiento independiente.
Episódico
y crónico
Existen
dos tipos de estrés laboral: el episódico (un despido, por
ejemplo) y el crónico, que se puede presentar cuando la
persona se encuentra sometida a las siguientes situaciones:
ambiente laboral inadecuado, sobrecarga de trabajo, alteración
de ritmos biológicos, responsabilidades y decisiones muy
importantes, estimulación lenta y monótona, condiciones
laborales inadecuadas.
1)
Ambiente laboral inadecuado: Son los llamados estresores del
ambiente físico: falta de luz o luz muy brillante; ruido
excesivo o intermitente; vibraciones; aire contaminado; alta o
baja temperatura.
Estos
factores requieren una doble adaptación, tanto física como
psicológica.
2)
Sobrecarga de trabajo: Es el estrés por sobreestimulación.
Se presenta por exigencias psicosensoriales violentas, simultáneas,
numerosas, persistentes y variables. Exigen una adaptación
fuera del límite normal. Es frecuente que se presente en
controladores aéreos; obreros en cadena rápida y compleja;
trabajadores sometidos a cambios continuos y abundancia de
información; víctimas de catástrofes; emigrados;
ingresadores de información a sistemas de computación.3)
Alteración de ritmos biológicos: Es el estrés que se
produce al alterar las constantes biológicas determinadas por
el ritmo circadiano determinado a su vez por las secreciones
hormonales, los ciclos del sueño y el ritmo metabólico.
Requiere
un alto esfuerzo adaptativo, generando irritabilidad,
disminución de la concentración, trastornos del sueño,
fatiga y ansiedad, entre otros problemas. Se presenta en
trabajadores nocturnos; pilotos de líneas aéreas y azafatas;
controladores aéreos; personal de sanidad; personal de
seguridad; trabajadores del transporte; diplomáticos; atletas
profesionales.
4)
Responsabilidades y decisiones muy importantes: Es el estrés
del personal jerárquico o con grados de responsabilidad. Se
debe a: responsabilidades numerosas y variables; trabajo
intelectual excesivo; tensión psicológica continua;
inseguridad laboral; competencia; búsqueda de la eficacia;
marcha contra reloj; adaptación a situaciones nuevas y datos
inestables.
Es
frecuente que quienes lo padecen acumulen factores de riesgo e
inadecuación familiar y social por falta de tiempo y
agotamiento físico. Este tipo de estrés genera agotamiento,
fatiga, manifestaciones psicosomáticas, trastornos del sueño,
disminución del deseo sexual, impaciencia, pérdida de la
iniciativa.
5)
Estimulación lenta y monótona: Es el estrés por
subestimulación. Se produce por la falta de estímulo normal
y fisiológico de los sentidos y del pensamiento. Se presenta,
por ejemplo, en el trabajo rutinario y automatizado que no
permite la creatividad y el pensamiento independiente, en
casos como los siguientes: cadena de trabajo lenta y monótona;
jubilación brusca; vacaciones excesivamente tranquilas.
6)
Condiciones laborales inadecuadas: Se trata de las causas de
estrés en los obreros no calificados, que comprenden: malas
condiciones de trabajo; salarios bajos; alimentación
inadecuada e insuficiente; ausencia de perspectivas de
progreso; pocas posibilidades de recreación; inestabilidad
laboral por renovación tecnológica; disposición de las líneas
de montaje.