|
| • |
Es un método
aceptado por la comunidad científica |
| • |
El estudio se
publica en la revista británica
Nature | |
|
|
Treinta troncos de alerces
semifosilizados que están cerca de Puerto Montt, en el sur de
Chile, delatan que el clima de Sudámerica fue hace 50.000 años
atrás similar al de hoy. Así, lo determinó un análisis
comparativo de los anillos interiores de esos troncos con los
de alerces actuales, que fue realizado por un científico
mendocino, que lideró un equipo internacional de
expertos.
El análisis, que se publica
hoy en la prestigiosa revista británica Nature, se fundamentó
en una disciplina ya reconocida mundialmente pero curiosa: la
Dendrocronología. Esta rama de la ciencia se dedica a
reconstruir el pasado, pero no usa libros, monedas, obras de
arte ni manuscritos para su objetivo. Escarba en los
anillos de crecimiento de los troncos de los árboles
para conocer la historia del clima.
Esta vez, el equipo
conducido por el ingeniero agrónomo Fidel Alejandro Roig,
investigador del Instituto Argentino de Investigaciones en
Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) del
Conicet, en Mendoza, se basó entonces en el estudio de los
anillos del alerce —su nombre científico es Fitzroya
cupressoides—, una conífera que puede alcanzar hasta
los 40 metros de altura.
Cada anillo del tronco del
alerce representa el estirón que da durante cada año de su
vida. Como el crecimiento del árbol es influenciado por las
condiciones climáticas, los expertos pueden comparar
el ancho de los anillos de los troncos de hace 50.000
años con el crecimiento de ejemplares de alerce
enteros, actuales y vivientes. Cuanto más anchos son los
anillos de crecimiento, más benigno fue el clima. Y así se
puede comparar la variación climática a lo
largo de miles de años.
|

|
|
RESTOS DEL PASADO Un alerce
semifosilizado, cerca de Puerto Montt,
Chile. |
|
|
El grupo de los troncos
antiguos fue encontrado cerca de Puerto Montt por casualidad.
Si bien estaba desde hace miles de años en el lugar, quedó a
la vista recién después de 1960. En ese año, ocurrió un
terremoto en la zona, que produjo desniveles en el terreno, y
luego hubo una erosión marina, que hicieron que los troncos (o
"tocones", porque son la base del tronco) quedasen al
descubierto, según contó a Clarín el ingeniero
Roig.
Pero nadie se imaginaba que
los troncos fuesen tan antiguos: ahora se piensa que
serían los más viejos de toda Sudamérica. El
año pasado, Roig se reunió con otro argentino, José
Boninsegna, que también investiga en el IANIGLA, así como con
otros científicos extranjeros: Carlos Le-Quesne y Antonio
Lara, de la Universidad de Valdivia, en Chile; Keith Briffa y
Philip Jones, de la Universidad de Anglia, de Gran Bretaña;
Carolina Villagrán, de la Universidad de Santiago de Chile, y
Hakan Grudd, de la Universidad de Estocolmo, en
Suecia.
Todos ellos se juntaron y
fueron al lugar que conserva los 30 troncos semifosilizados. Y
tomaron muestras de 4 a 5 milímetros de diámetro de cada
tronco, con un instrumento cilíndrico —llamado barreno de
incrementos— que actúa como si fuera un sacacorcho. También
obtuvieron muestras de alerces que todavía tienen bellas
copas. Al llevar las muestras al laboratorio, el grupo de
expertos se encontró con varias sorpresas. Por empezar,
"el descubrimiento de un grupo (de árboles) que estuvo
creciendo al mismo tiempo fue lo más importante", dijo
Roig.
El ingeniero aún está
sorprendido al comprobar que los troncos formaron parte de
alerces que vivieron hace 50 mil años (durante el período
pleistoceno) según lo determinó un análisis de carbono
14. Murieron simultáneamente después de 1.200 años de
vida y se conservaron en conjunto. Por lo general, los grupos
de árboles crecen y mueren de un modo desparejo. Roig tiene la
hipótesis de que fueron sepultados por material liberado por
volcanes. Y así se mantuvieron escondidos hasta que el
terremoto de 1960 los desenterró.
Además, descubrieron que el
ritmo de crecimiento de los alerces denota que el clima que
los rodeó —antes de la última glaciación, hace 24.000
años— fue muy similar al actual en cuanto a
sus temperaturas y a sus lluvias. Incluso,
habrían identificado que el fenómeno de El Niño (que se repite
cada dos o cada siete años) también se producía hace 50.000
años y aumentaba la temperatura de la
zona.
Sin embargo, Roig va por
más: "Aunque hay muchas similitudes entre el crecimiento
de los alerces de hoy y los de hace tanto tiempo, sería bueno
encontrar otro tipo de registros, como polen, que también
corrobase nuestro hallazgo".